martes, 22 de marzo de 2011

UN ALMA DESESPERADA

Puerto Inca
Cuando contamos leyendas, siempre creemos que pasaron en la época en que los Españoles invadieron América y se transmitieron de generación en generación, hasta llegar a nuestros días, pero hoy quiero contar una, que tal vez al leerla les recordará a la llorona de siglos pasadas, pero ésta ocurrió a finales del siglo XX.

Me contaron que por aquella época vivía una hermosa mujer de 25 años, llamada Carmen, era casada con un jóven emprendedor que juntos administraban una pequeña residencial a las afueras de Puerto Inca. El lugar era muy acogedor, lo que mas dinero les dejaba era el restaurante donde preparaban ricos churrascos, mariscos, yapingachos, cangrejos, etc... era la parada fija de todo aquel que se dirijía a Naranjito, Pasaje, Machala a todas esas zonas bananeras de nuestro país y también los que iban  a la sierra por la vía del cajas.



El negocio era excelente, nunca cerraban tenían empleados de tres turnos, en la madrugada, hacían Seco de pollo, arroz con menestra, tortillas, café, tenían un exquisito menú para todo aquel que paraba en su restaurante y Carmen  atendía con mucha familiaridad y cortesía, haciendo sentir muy bien al visitante, por lo que cada vez que pasaban se quedaban a comer.

Un día el esposo de Carmen, Juan recibió la visita inesperada, de un compañero de colegio, que no veía hace muchos años,  causandole mucha alegría.

Los abrazos y las presentaciones iban y venían de ambos lados, cuando terminó todo el protocolo se sentaron en una mesa  pidieron algo de tomar y de comer. Carmen los atendió muy bien ya que su esposo pocas eran las veces que recibìa visitas.

Cuando estaban solos los amigos se preguntaron a que se dedicaban, por supuesto que Juan dijo que a su negocio, mientras que su amigo manifestó que a él no le va bien y que se iría a trabajar a una refinería de petróleo a Alaska, donde la paga es de 50 dolares la hora.

Juan, un hombre emprendedor, soñador, tenía muchas ideas para salir a adelante, sintió que era una excelente oportunidad para prosperar, y le preguntó a su amigo que qué debía hacer para conseguir ese trabajo, porque el quiere ahorrar cierta cantidad de dinero para mejorar su negocio y poder comprarse un mejor carro, una casa porque si espera a que el negocio le de todo eso,  tendría que trabajar unos cinco años mas.

El amigo le dijo que no era difícil, lo único que tenía que hacer era presentarse en el Consulado Norteamericano con una carta de la refinería en Alaska diciendo que va a ir a trabajar a dicha compañia petrolera. Yo me voy la semana que viene. tienes que tener el dinero para el pasaje que es caro pero lo recuperas enseguida allá.

El amigo de Juan hacía ver todo fácil, que allá era como ir a una mina de oro y que a penas das el primer palazo sacas oro inmediatamente o como que Alaska era a  la vuelta de la esquina.

Después de la larga conversación se despiden los amigos, no sin antes ofrecerle a Juan enviarle lo mas pronto posible la carta de trabajo de la petrolera en Alaska para que no le nieguen la visa.

Pasaron los días y el amigo de Juan cumplió lo ofrecido, llegó la carta de trabajo a nombre de Juan y todas las indicaciones que tenía que hacer para sacar la visa y una vez allá llarmar a ciertos números de teléfonos para que lo vallan a recibir al aeropuerto.

Juan no le había contado sus planes a su esposa, porque no tenía nada concreto, pero una vez con los papeles en la mano tubo que decirle a Carmen.

Que al enterarse pegó el grito al cielo diciendole, que mucha gente se va porque no tienen trabajo pero ellos tienen uno y bueno con mucha clientela, es muy lucrativo y con las ampliaciones que van a hacer en el lugar van a entrar mas mesas y  se va a llenar mas y la inversión no es mucha. Pero nada de lo que le decía su esposa escuchaba.

Ya Juan había tomado una decisión y se presentó al Consulado Norteamericano hizo todo lo que tenía que hacer y compró lo boletos para Alaska con el dinero que tenían ahorrado.

Carmen no podía creer que se iba a separar de su esposo, sus lágrimas no lo hicieron cambiar de opinión, le dijo que cuide el negocio que en un año regresaría con mucho dinero,

El día de su partida, Carmen lloraba inconsolable, él le dijo que no lo acompañe al aeropuerto porque sería muy duro dejarla. Que mejor se quedara en el local atendiendo a los clientes, que ya comenzaban a llegar-

Ese día se fue Juan. Pasaban los meses y Juan no le escribía, no recibía noticias de él llamaba por telefono a la familia del amigo  para saber si ellos tenían noticias, pero  nada.

Pasó un año y Carmen no recibió ni una carta se imaginaba lo peor, que su esposo había muerto, fue a preguntar al Consulado Norteamericano para ver si ellos sabían de su esposo, pero nada,  dejó sus datos para que cuando ellos supieran algo la llamaran por teléfono.

Un día cuando Carmen estaba en su dormitorio descansando recibió una llamada del Consulado Norteamericano para comunicarle que un pozo había explotado en la empresa donde trabajaba su esposo, causando la muerte de muchos obreros, presumiendose que uno de ellos era su esposo.

Al escuchar esta noticia, Carmen soltó el teléfono y no quiso escuchar mas,  se sentó y se dijo que ya no iba a llorar mas por él. Siendo su mejor aliado el tiempo que la  fue restableciendo.

El trabajo era lo único que le hacía olvidar su tristeza. Por lo que se dedicó a trabajar todo el día, pero cierta tarde llegó al  lugar un hombre muy guapo, que llamaba la atención por su porte y su físico.

Carmen se le acercó y le dijo que no hay  mesas disponibles  pero puede sentarse en la barra  que allí ella lo atendería, hasta que se desocupe una. El hombre aceptó muy gustoso por lo que comenzó  una amistad muy intima entre ellos.

Pasaron los meses y ya era voz popul en el pueblo el amorío que tenía Carmen con dicho sujeto, que era el hijo de unos de los bananero mas importante de la zona.  Carmen, se había convertido en su amante. Quien además era casado y solo la tenía para pasar el rato, cosa que a ella no le importó y continúo con el romance. Así pasaron los meses y Carmen quedó embarazada.

Ella estaba muy felíz por el acontecimiento,  a él no le agradó mucho la noticia pero  la aceptó, seguían viendose como siempre mientras que la barriga de Carmen seguía creciendo.

Eran las 10 de la mañana de un lunes, Carmen estaba haciendo los últimos arreglos para recibir a los comenzales cuando alzó la cabeza para ver quien entraba a su local  vio a un fantasma era su esposo que había regresado después de dos años y medio.

Carmen no lo podía creer, me dijeron que estabas muerto le dijo... lleva su mano hacia la boca se hace para atrás mostrando su gravides muy avanzada... sale corriendo del lugar y se dirije al río donde estaban unos botes y se recuesta en uno de ellos... pasaban las horas y seguía repitiendo me dijeron que habías muerto... me dijeron que habías muerto...

El día estaba muy caluroso, por lo que se sentó en el bote con los pies bajo el agua, uno de sus empleados fue a verla y le dijo que el restaurante estaba lleno y no había nadie que reciba el dinero.

Ella solo se limitó a decirle... me dijeron que había muerto...

El buen empleado se le acercó y la sacó del bote y la llevó a su casa la recostó y le dio una agüita aromática, que la tranquilizó por unas horas.

Cuando eran cerca de las ocho de la noche, Carmen se levantó como poseída por el demonío, que la llevaría a cometer uno de los mas atrozes crimenes que un ser humano pueda cometer, sus ojos no parpadeaban y corrió lo mas rápido que pudo hacia el río, donde se recostó sobre un bote, descansando de la carrera que hizo, lo cual le adelantó los dolores de parto.

El silencio era cautivador, la luna llena era su testigo, solo se escuchaba el golpe del agua que hace a lo que se topa con los barcos y luego de un instante  un ¡ayyyyyyyyyyyyy! desgarrador, nuevamente hubo silencio...  un ¡plop! como si alguien hubiere tirado una piedra al río...

Una vez hecho esto Carmen se quedó profundamente dormida... Al día siguiente se levantó y no encuentró a su bebe, lo buscó y se repetía ¡aqui lo dejé! ¡aquí lo dejé! donde está... ella misma se preguntaba, a lo mejor alguien se lo llevó... ¡aqui lo dejé! ¡aqui lo dejé!.

Bajó del bote a escarbar entre la arena del río, gritaba ¡aqui lo dejé! ¡aqui lo dejé!... la gente del pueblo comenzó a preocuparse a rumorar que Carmen se había vuelto loca... por sus gritos que se escuchaban por todos lados.

Preguntaba a todo aquel que veía si habían visto a su bebe, y le decían que no. Volvía al río buscaba entre los botes gritando ¡aqui lo dejé!.

Su esposo, fue a verla y le dijo que no estaba el niño y que ya era hora que regresara a casa, pero ella no escuchaba solo repetía ¡aqui lo dejé! ¡aquí ha de estar! ¡lo he de encontrar!

Juan  la sujeta y le dice, vamos a casa, la lluvía comenzaba a caer y cada vez era mas fuerte... Carmen se soltó  y gritaba ¡aqui lo dejé! ¡aquí ha de estar! ¡lo he de encontrar!

Buscó a lo largo y ancho de la playa, pero no encontró a su bebe, la marea subía y Juan preocupado le decía que no estaba allí pero ella no escuchaba razones seguía en su busqueda.

Comenzó a subir la marea del río y a lo lejos se veía algo flotando parecía un niño, Carmen creyendo que era su hijo se metió en el río para rescatarlo, pero cuando alcanzó a lo que ella creía que era su bebe, se encontró con un montón de basura flotando.

Juan desde la orilla le gritaba que regrese pero ella solo le decía... ¡tengo que encontrarlo!,  ¡aqui lo dejé! ¡aquí ha de estar! ¡lo he de encontrar!

La lluvía era tan fuerte y la corriente del río arrastraba  grandes cantidades de desechos palos, hojas por lo que la golpeaban, aunque era una experta nadadora no pudo con la corriente, la lluvia y la basura. Aunque trató acercarse a la orilla, todos vieron cuando un tronco le golpeó la cabeza y fue arrastrada sin sentido hacia las profundidades del río.

Juan desesperado por ayudarla se tiró al río para tratar de rescatarla pero sus empleados no lo dejaron y todos vieron como el río desapareció a Carmen...
Nadie volvió a verla, pero cuentan que, cuando el viento sopla fuertemente y la tormenta se acerca  se escucha la voz desesperada de una mujer que dice ¡aqui lo dejé! ¡aquí ha de estar! ¡lo he de encontrar!

Fin

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